En la boda se sirvió un magnífico cava, Llopart, conocido por algunos de los que estaban en la mesa, ya que José Antonio -padre del novio- lo encarga para Navidad para él y para todos los compañeros del Instituto que se lo piden. Se habló en la mesa de cuántas veces se había planeado ir a conocer la bodega y de cómo todavía no se había conseguido, así que de allí surgió el propósito firme de ir a Barcelona ese mismo año, y así fue como el Grupo, que apenas se conocía, inició una serie de viajes y encuentros, que hoy, ya pasados seis años, sigue preparando con ilusión y entusiasmo.

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